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Devoción de Día 4

La Humildad Personal

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. –Daniel 9:7 RV1960

A lo largo de este proceso electoral parece que todo el mundo está señalando con el dedo a alguien. Ambos candidatos están tratando de demostrar que su camino es el mejor y que no tienen nada que ver con nada malo pasa. Como ya he escuchado a los medios de comunicación y leyendo los comentarios en Facebook, tal parece que todo el mundo está apuntando hacia afuera. Una de mis frases favoritas que aprendí desde la infancia es "Cuando usted señala con el dedo a alguien, tiene 4 apuntan hacia ti." En algún momento tenemos que detenernos y dar una mirada honesta a nosotros mismos y entender que tenemos que asumir la responsabilidad personal por las cosas que están sucediendo a nuestro alrededor.

Así como Daniel clamó al Señor en nombre del pueblo de Israel, es obvio que él entendía la necesidad que la nación de Israel asumiera la responsabilidad como individuos, lo que en última instancia conduce a la necesidad de la humildad personal ante Dios. Este versículo da un ejemplo enorme que creo que todos tenemos que ver al orar por nuestro país.

1.      Daniel reconoce a Dios como el único que es justo. Cuando tomamos este punto de vista, pronto nos damos cuenta que no somos justos y no hay razón para señalar con el dedo a nadie más que a nosotros mismos.

2.      La vergüenza nos pertenece a nosotros como individuos. Si tomamos la responsabilidad personal y criamos a nuestra familia como Dios desea, entonces vamos a impactar nuestra ciudad y, finalmente, a nuestra nación. Un hombre puede cambiar una familia, una familia puede cambiar una ciudad y una ciudad puede cambiar una nación.

3.      La razón por la que el país se dirigía en la dirección equivocada y bajo la reprensión del Señor se debió a la deslealtad al Señor por los individuos.

Antes de seguir señalando culpables con los dedos pongámonos a analizar individualmente nuestros corazones. Reconozcamos a Jesucristo como el único bueno y es solamente en Él que la justicia se puede encontrar. Debemos reconocer que la vergüenza es nuestra y de nadie mas. En última instancia, podemos humillarnos ante nuestro Dios Poderoso y pedirle al Señor que nos muestre las áreas de nuestra vida en las que hemos sido desleales a él.

¡La verdadera humildad empieza por mí!