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Devoción de Día 5

Un Clamor por Liderazgo

Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.  De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. – Daniel 9:8-10

El clamor de Daniel en este texto no es solamente relevante a los días de Daniel, pero también a nuestros tiempos. Nosotros, como creyentes son capaces de mirar a nuestra nación en su conjunto hoy y ver cómo tristemente nos hemos alejado de la Palabra de Dios y lo que es correcto. Una forma de expresar la frustración de este hecho es atacar, menospreciar, e insultar a nuestros líderes electos, aunque creemos que la mayor parte de la culpa es de nuestra sociedad envilecida.

Esto me recuerda al primer rey de Israel, Saúl. Él era un hombre entre los hombres, querido por todos y en la mente de la gente el rey perfecto. Dios, en su infinita sabiduría, conocía el corazón de Saúl, que era muy orgulloso y en qué tipo de rey que se convertiría. Accedió al deseo del pueblo para que Saúl se convirtiera en rey, mientras el verdadero rey David era preparado por Dios. A medida que las Escrituras lo van revelando, Saúl desobedeció a Dios y no fue un buen rey. Mientras que David por otro lado fue llamado, "Un hombre conforme al corazón de Dios". Saúl se volvió tan celoso que quería matar a David, tanto que David tuvo que huir.

Este relato se encuentra en 1 Samuel 24. David tiendo la oportunidad de matar a Saúl, optó por no hacer daño porque Saúl era el ungido de Dios, incluso fue mas allá, hasta rogarle a Saúl: "Mi señor el rey." 1 Samuel 24:8 b. Él eligió honrar a Saúl no insultarlo. Él reconoció a Dios como la autoridad final no a Saúl y que tenía que respetar a quien el Señor puso en autoridad.

1 Pedro 2:17 dice "Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey".  Nuestra responsabilidad como creyentes no es despreciar nuestro liderazgo, a quien Dios mismo ha designado, sino orar por ellos. Entendemos que todos hemos pecado y la culpa no recae  solamente en los funcionarios electos, pero todos nuestros pecados así como menciona Daniel 9.

Tenemos que orar por el liderazgo de la nación, respetar su autoridad y permitir que Dios juzgue los motivos de sus corazones. Como tenemos la enorme responsabilidad y el privilegio de votar hay que tener en cuenta que nada va a tomar al Señor por sorpresa. Oremos por nuestros líderes para que sean salvos y dirijan nuestro país con justicia.